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Las Quilas: entre la belleza oculta y la aventura extrema

Darío Almazán Hernández

Xilitla.– Internarse en la cueva conocida como “Las Quilas” no es solo una visita turística, es una experiencia que se siente en el cuerpo y se queda en la memoria.
Enclavada en la Sierra Madre Oriental, y precisamente en los límites de Huehuetlán y Xilitla, este sitio ha pasado de ser un secreto bien guardado por los habitantes locales a convertirse en un reto para quienes buscan algo más que paisajes: una verdadera aventura.

Las Quilas: entre la belleza oculta y la aventura extrema

El recorrido comienza desde El Nacimiento municipio de Huehuetlán, por una calle pavimentada y se agarra un camino entre veredas de piedra , bajo la sombra de árboles que apenas dejan pasar la luz. El sonido de la naturaleza acompaña cada paso, pero conforme se avanza, el terreno deja claro que no será un paseo sencillo. Las piedras irregulares, los tramos resbalosos y los escalones —unos de concreto, otros tallados en la misma roca— obligan a medir cada movimiento.

Las Quilas: entre la belleza oculta y la aventura extrema

Así lo vivieron Lilia y su esposo César, junto a sus acompañantes, quienes emprendieron la caminata con entusiasmo, sin imaginar que el trayecto pondría a prueba su resistencia. El cansancio no tardó en aparecer y, con cada tramo, la exigencia física aumentaba, haciendo que por momentos la meta pareciera lejana.
La tensión también se hizo presente. Nallely, inquieta por lo complicado del camino, no dejaba de pedirle a su padre, Darío, que tuviera cuidado. El terreno imponía respeto: un descuido podía significar una caída en medio de la sierra.

Las Quilas: entre la belleza oculta y la aventura extrema

Tras un esfuerzo prolongado, finalmente llegaron a la entrada de la cueva. El contraste fue inmediato. Mientras el sudor evidenciaba el desgaste del ascenso, un viento helado que emergía del interior los envolvió, ofreciendo un respiro inesperado, casi como una recompensa tras el esfuerzo.
Pero la experiencia no terminaba ahí. Durante el descenso, los sonidos del entorno intensificaron la sensación de estar en un lugar indómito: ramas que crujían, insectos en constante movimiento y abejas activas entre las copas de los árboles, propias de la temporada.

Las Quilas: entre la belleza oculta y la aventura extrema

Al intentar explorar el interior, la prudencia se impuso. Sin el equipo adecuado, la oscuridad absoluta fue suficiente para detenerlos. Avanzaron solo unos metros, tomaron algunas fotografías y decidieron regresar, entendiendo que no siempre es necesario llegar al fondo para valorar el lugar.

Quienes conocen “Las Quilas” coinciden en algo: la experiencia vale la pena, pero exige preparación y respeto. Recomiendan acudir con guías, llevar hidratación y equipo adecuado, y sobre todo, cuidar el entorno.