Una crisis silenciosa bajo las calles de Ciudad Valles
Por Darío Almazán
Ciudad Valles.– Bajo el asfalto y las colonias de Ciudad Valles, el agua sigue corriendo. No se ve, no se escucha… pero cada temporada de lluvias lo recuerda con fuerza.
Lo que durante meses parecen cauces secos o terrenos olvidados, en cuestión de horas se convierten en corrientes desbordadas que inundan calles, avenidas y viviendas. Es la otra cara de una crisis que avanza en silencio: la desaparición —aparente— de arroyos en la ciudad.
Una ciudad construida sobre el agua
El crecimiento urbano no solo avanzó: se impuso sobre la geografía natural. Antiguos cauces fueron invadidos, rellenados o canalizados sin una planeación integral. Arroyos como Los Puercos, La Pimienta —uno de los más largos e importantes—, Tanchipa, Taninul, Las Tichas y El Carmen quedaron atrapados bajo el concreto o reducidos a canales insuficientes.
Hoy, muchos de ellos permanecen secos gran parte del año, lo que genera una falsa percepción de seguridad.
El caso más emblemático es el arroyo de Los Puercos. Nace en la parte alta de la ciudad, atraviesa zonas densamente pobladas del norte y centro, desciende por calles como Matamoros, bordea áreas cercanas al Parque Colosio y desemboca en el río Valles a la altura del puente Juárez.
En temporada de lluvias, su comportamiento cambia drásticamente. El cauce se activa con violencia, se desborda o baja con fuerza, arrastra desechos y provoca inundaciones que afectan viviendas, comercios y vialidades.
El Atlas de Riesgos del municipio identifica una red de más de diez arroyos y escurrimientos que cruzan la mancha urbana. Entre ellos destacan Los Puercos, La Pimienta, Tanchipa, Taninul, Las Tichas, El Carmen, Obrera, Troncones, Las Cruces y Las Lagartijas, además de múltiples corrientes menores que no siempre están registradas oficialmente.
ARROYOS QUE NO DESAPARECEN
Especialistas coinciden en que la aparente desaparición de estos cuerpos de agua responde a una combinación de factores. La sequía prolongada en la región Huasteca ha reducido visiblemente los escurrimientos. A ello se suma la deforestación en zonas altas y el uso intensivo del recurso hídrico para actividades urbanas y agrícolas.
Pero el fenómeno es engañoso.
Los arroyos no han desaparecido. Permanecen latentes, invisibles durante meses, hasta que la lluvia los reactiva.
Siguen ahí.
Debajo de calles, viviendas y avenidas.
Y cuando llueve, recuperan su camino.
Falta de infraestructura agrava el problema
A esta condición natural se suma una debilidad estructural: la insuficiente infraestructura pluvial.
Autoridades de Protección Civil advierten que la ciudad no cuenta con la capacidad necesaria para conducir grandes volúmenes de agua en periodos cortos de tiempo. Los drenajes colapsan, las calles se convierten en canales improvisados y los escurrimientos siguen rutas desordenadas.
Cada lluvia intensa pone en evidencia esa fragilidad.
Durante la temporada de huracanes, el problema se agudiza. En colonias ubicadas en zonas bajas o cercanas a cauces, el agua no solo inunda, sino que permanece estancada durante dos o incluso tres días, generando riesgos sanitarios y daños materiales.
VIVIR CON EL AGUA A LA PUERTA
En la colonia Tetuán, la historia se repite cada año.
Juana Ramírez lo sabe. Lo ha vivido. Lo anticipa.
Cuenta que cuando las lluvias se prolongan, el arroyo de Los Puercos pierde capacidad de desfogue hacia el río Valles. El nivel del agua sube lentamente, invade calles, se mete en patios y termina entrando a las casas.
“Ya sabemos lo que viene”, dice, con la resignación de quien ha aprendido a convivir con el riesgo.
En su hogar, como en muchos otros, la rutina está definida por el agua: levantar muebles, proteger documentos, resguardar lo indispensable y esperar. A veces horas. A veces días.
La incertidumbre forma parte del paisaje.
Sequía e inundaciones: la paradoja
Ciudad Valles enfrenta una contradicción que se vuelve cada vez más frecuente: largos periodos de sequía que secan los arroyos, seguidos por lluvias intensas que los reactivan con fuerza desproporcionada.
Esta dinámica no es casual.
Especialistas advierten que responde tanto al cambio climático como a la falta de planeación urbana. La expansión de la ciudad ignoró la lógica natural del agua, ocupó sus cauces y redujo su capacidad de absorción.
El resultado es un sistema vulnerable, donde el agua no desaparece, solo espera el momento para volver.

ZONAS DE RIESGO IDENTIFICADAS
De acuerdo con el director de Protección Civil, Miguel Ángel Sánchez Hernández, las zonas más afectadas por inundaciones se ubican principalmente en las márgenes del río Valles y en áreas atravesadas por escurrimientos pluviales.
En la margen derecha se identifican sectores como Santa Rosa, La Diana y zonas cercanas a la fuente y al cauce principal. En la margen izquierda destacan Praderas del Río, parte de la colonia Tetuán, el barrio Los Filtros y la colonia Juárez, considerada uno de los puntos más críticos por su exposición directa.
La zona de los mercados, entre las calles Guadalupe Victoria y 5 de Mayo, también presenta riesgo, al igual que el rastro municipal y diversos asentamientos ubicados a la orilla del río, donde al menos 15 viviendas y una escuela se encuentran en condición vulnerable.
Colonias como Cerillera y Hidalgo registran afectaciones similares, con viviendas construidas en zonas bajas. En Buenos Aires, Fidel Velázquez, Fovissste y el fraccionamiento Magisterial, el riesgo persiste en temporadas de lluvias intensas.
Otros sectores como 18 de Marzo, Montalegre, Doraceli, Francisco I. Madero, Las Lomas y Lázaro Cárdenas presentan escurrimientos fuertes que desembocan en el arroyo de Los Puercos, incrementando el peligro.
El funcionario aclara que existe una diferencia clave: las zonas de inundación, ubicadas en márgenes de río, presentan afectaciones directas por desbordamiento; mientras que las zonas de encharcamiento, como Santa Lucía, Pancho Villa y Emiliano Zapata, enfrentan acumulaciones de agua por deficiencia en drenaje y presencia de cauces menores.

BASURA: EL ENEMIGO INVISIBLE
A la problemática natural y estructural se suma un factor humano que agrava el escenario: la basura.
“Las invasiones a los arroyos son por parte del ciudadano. Muchas personas rellenan con desechos o queman basura en los cauces. Pero cuando llueve, todo eso regresa”, señaló Sánchez Hernández.
El problema no es menor. En eventos recientes, escurrimientos han arrastrado hasta 15 toneladas de residuos hacia el río Valles, obstruyendo el flujo natural del agua y aumentando el riesgo de inundaciones.
“La cultura de la prevención es a lo que se le debe apostar”, insistió el funcionario, al subrayar la necesidad de modificar hábitos cotidianos.
Atlas de riesgo desactualizado
Otro elemento crítico es la desactualización del Atlas de Riesgo del municipio.
Autoridades confirmaron que ya se trabaja en una nueva versión, en coordinación con la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. El objetivo es contar con un diagnóstico más preciso y acorde a la realidad actual.
La actualización contempla la identificación de nuevos arroyos y escurrimientos que no estaban registrados, como los de Rafael Curiel y Las Águilas, que han generado antecedentes de riesgo en años recientes.
También se incluirán otros fenómenos naturales, como la actividad sísmica. Estudios de la Coordinación Estatal de Protección Civil indican la posible existencia de una franja sísmica que podría extenderse desde la Sierra de Tanchipa, atravesar San Felipe y llegar hasta la zona de Tantobal.
Aunque los registros han sido de baja magnitud —hasta 4.1 grados—, las autoridades advierten que no se puede descartar ese riesgo.
Un problema ambiental y urbano
La desaparición de arroyos no solo implica una pérdida ambiental. Representa, sobre todo, un riesgo directo para la población.
Estos cauces funcionan como rutas naturales de desagüe hacia el río Valles. Al ser invadidos, reducidos o modificados, el agua pierde su camino y lo busca de nuevo, muchas veces atravesando zonas habitadas.
Cada lluvia intensa evidencia esa realidad.
No se trata de eventos aislados, sino de las consecuencias acumuladas de un crecimiento urbano desordenado, que ignoró la geografía y las dinámicas naturales del territorio.

EL AGUA SIGUE SU CAMINO
En Ciudad Valles, los arroyos no han desaparecido.
Siguen ocultos.
Siguen latentes.
Siguen esperando.
Y cuando la lluvia cae, regresan.
Regresan con fuerza, con memoria, con la capacidad de recuperar lo que alguna vez fue suyo.
Mientras no se reconozca su presencia, mientras no se respete su cauce y no se invierta en infraestructura adecuada, la historia se repetirá.
Porque en esta ciudad, como en todas, hay una verdad que no cambia:
El agua siempre encuentra su camino.