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El maíz potosino mucho más que una tortilla

SAN LUIS POTOSÍ.— Hablar de maíz en San Luis Potosí no significa únicamente hablar de toneladas cosechadas, detrás de cada parcela existen familias campesinas, comunidades indígenas, conocimientos transmitidos entre generaciones y una diversidad de semillas que forma parte del patrimonio agrícola de la entidad.

De acuerdo con información del Sistema de Información Agropecuaria de San Luis Potosí, basada en datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), durante el cierre agrícola de 2023 se sembraron 85 mil 548 hectáreas de maíz grano, con una producción de 103 mil 344 toneladas y un rendimiento promedio de 2.28 toneladas por hectárea.

Con ese volumen, San Luis Potosí ocupó el lugar 24 entre las entidades productoras de maíz del país.

Uno de los principales datos está relacionado con el agua. De las hectáreas sembradas, solamente 18 mil 947 contaban con riego, equivalente a aproximadamente el 22 por ciento. El resto dependió principalmente de las lluvias para el desarrollo de los cultivos.

Esto hace que buena parte de la producción quede ligada directamente al comportamiento del temporal. Para las familias que dependen de la agricultura, una temporada de lluvias irregular puede representar dificultades para completar una cosecha y obtener ingresos.

La producción tampoco se concentra de manera uniforme en todo el estado. Ébano registró el mayor volumen, con 24 mil 505.87 toneladas, seguido por Tamuín, con 10 mil 814.59, y Rioverde, con 9 mil 505.44 toneladas.

Sin embargo, las toneladas no cuentan toda la historia.

En distintas comunidades potosinas, especialmente en la Huasteca, el maíz también tiene un valor alimentario y cultural. Las semillas que los campesinos conservan después de cada cosecha pueden volver a utilizarse en los siguientes ciclos, manteniendo características particulares que se han adaptado a las condiciones de cada territorio.

Investigaciones de instituciones como la CONABIO y el CIMMYT han documentado parte de esta diversidad en la región Huasteca.

Uno de los proyectos de conservación realizó 292 nuevas colectas de maíces criollos en comunidades de Hidalgo, San Luis Potosí y Veracruz. Entre las razas identificadas como predominantes aparecen Olotillo y Tuxpeño, además de materiales que presentan mezcla genética con otras razas.

Una raza de maíz puede entenderse como un conjunto de variedades que comparten determinadas características y que se han desarrollado y adaptado a diferentes regiones.

En otro proyecto de CONABIO se identificaron 11 razas de maíz en San Luis Potosí dentro de las colectas estudiadas, además de una alta variabilidad genética y registros de parientes silvestres del maíz.

La investigación también ha documentado diversidad de materiales criollos en municipios huastecos como Axtla de Terrazas, Ciudad Valles, Coxcatlán, Tamazunchale, Tampacán, Tamuín, Tanquián y Xilitla, entre otros.

En Tamazunchale, por ejemplo, se han registrado materiales relacionados con razas como Tuxpeño, Chalqueño, Celaya y Olotillo, mientras que en Xilitla también se ha encontrado una importante variedad de maíces.

Para los investigadores, esta diversidad tiene relevancia debido a que las diferentes variedades pueden presentar características particulares de adaptación, crecimiento, textura, color y otras propiedades.

La diversidad genética también es considerada un elemento importante para enfrentar cambios en las condiciones ambientales y agrícolas.

En términos económicos, el maíz tampoco es un cultivo menor para San Luis Potosí. De acuerdo con información de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario y Recursos Hidráulicos, en 2023 generó alrededor de 697.1 millones de pesos, aunque ocupó el octavo lugar entre los cultivos por valor de producción agrícola, con aproximadamente 2.6 por ciento del total estatal.

La diferencia con los grandes estados productores es considerable. Mientras San Luis Potosí registró 103 mil 344 toneladas en 2023, Sinaloa alcanzó alrededor de 6.65 millones de toneladas, de acuerdo con el mismo sistema estadístico.

Pero la importancia del maíz potosino no puede observarse únicamente desde esa comparación.

Una parte de la producción está relacionada con la agricultura comercial, mientras otra permanece vinculada con comunidades donde el cultivo representa alimento, tradición y conocimientos que pasan de una generación a otra.

El maíz que termina convertido en tortilla, tamal o elote comienza mucho antes, en una parcela y en una semilla que alguien decidió conservar.

Por eso, cuando se habla de la producción de maíz en San Luis Potosí, también aparece otra pregunta: qué ocurrirá con las variedades criollas y con los conocimientos campesinos que todavía permanecen en las comunidades.

El 29 de septiembre, Día Nacional del Maíz, coloca nuevamente esa diversidad en el centro de la conversación.

San Luis Potosí no se encuentra entre los principales estados del país por volumen de producción. Sin embargo, sus parcelas y comunidades forman parte de una diversidad de maíces que ha sido documentada por instituciones científicas y que continúa presente en distintas regiones del estado.

El valor de una semilla, en ese sentido, no necesariamente termina en el precio de una tonelada. También puede encontrarse en la variedad que conserva, en la tierra donde se adapta y en los conocimientos que permiten que siga siendo sembrada año tras año.