Por Rigoberto González
En política hay indicadores que se presumen en discursos y otros que se esconden en los archivos estadísticos, en Ciudad Valles, uno de los más incómodos es la violencia contra las mujeres.
El municipio sigue bajo la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres, un mecanismo extraordinario decretado en 2017 para obligar a las autoridades a implementar acciones urgentes ante la violencia feminicida.
A más de siete años después, la alerta sigue ahí.
Y dentro de ese periodo se encuentran ya casi cinco años de gobierno municipal encabezado por David Armando Medina Salazar, quien asumió la alcaldía en octubre de 2021 y posteriormente logró la reelección en 2024, con un mandato que se extenderá hasta 2027.
Pero si algo demuestran los datos oficiales es que la alerta no se ha levantado porque las condiciones que la originaron no han sido superadas.
De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, obtenidas a partir de la incidencia delictiva municipal y complementadas con información proporcionada mediante solicitud de transparencia, el delito que mejor retrata la dimensión del problema es la violencia familiar.
Entre octubre de 2021 y enero de 2026, en Ciudad Valles se han abierto al menos 2,463 carpetas de investigación por violencia familiar.
La tendencia es clara.
En los últimos meses de 2021, cuando inició la administración municipal, ya se registraban 129 denuncias.
En 2022, el número subió a 782 casos.
Para 2023, la cifra alcanzó 801 denuncias.
En 2024, año electoral y de reelección municipal, el registro llegó a 837 casos, el punto más alto del periodo.
Aunque 2025 mostró una ligera disminución con 714 denuncias, el nivel sigue siendo muy superior al registrado al inicio del gobierno municipal.
No se trata de simples fluctuaciones estadísticas.
Los especialistas en seguridad pública consideran que la violencia intrafamiliar es uno de los principales indicadores de violencia estructural contra las mujeres, porque refleja dinámicas de control, agresión física, psicológica y económica que ocurren dentro del espacio doméstico.
Es decir, la violencia que rara vez se ve en actos públicos, pero que aparece todos los días en las carpetas de investigación.
En paralelo, el delito de feminicidio, la expresión más extrema de la violencia de género, tampoco ha desaparecido. Durante el periodo que coincide con la actual administración municipal se han registrado cinco feminicidios en Ciudad Valles, de acuerdo con los registros oficiales del Secretariado Ejecutivo.
Cinco casos que, en términos estadísticos, pueden parecer pocos frente a los números de las grandes ciudades, pero que en materia de política pública tienen un significado mucho más contundente: cada feminicidio representa el fracaso de todo el sistema de prevención.
En este contexto, la permanencia de la alerta de género no es un dato menor.
La Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres se levanta únicamente cuando el Estado demuestra que se han cumplido las medidas ordenadas y que existe una reducción sostenida de la violencia contra las mujeres.
En Ciudad Valles, esa condición simplemente no se ha alcanzado.
Y entonces surge una pregunta incómoda que empieza a circular fuera de los boletines oficiales.
Si después de siete años la alerta sigue vigente, si las denuncias por violencia familiar continúan en niveles elevados, y si el municipio sigue reconocido oficialmente como zona de riesgo para las mujeres:
¿qué está fallando realmente?
¿La estrategia de prevención?
¿La coordinación institucional?
¿O la voluntad política para atender un problema estructural?
Hay otra pregunta aún más delicada.
La alerta también implica acceso a recursos federales para programas de atención y prevención de la violencia de género.
En términos estrictamente administrativos, mantener activa la alerta significa que el flujo de esos recursos continúa.
Y ahí aparece la paradoja que ninguna autoridad explica con claridad.
Porque mientras la alerta permanece, la violencia también.
Las cifras del Secretariado Ejecutivo y la información obtenida vía transparencia no reflejan un municipio que haya logrado revertir la crisis de violencia contra las mujeres.
Reflejan, más bien, una realidad donde el problema sigue creciendo dentro de los hogares.
La estadística no tiene discurso.
Solo números.
Y esos números, por ahora, dicen que en Ciudad Valles la alerta de género no es un recuerdo del pasado.
Es una emergencia que sigue vigente.

