La selva no solo lo puso a prueba: lo obligó a confrontarse consigo mismo y a redefinir lo esencial
Por Iliana Tovar
Apasionado de la naturaleza, aventurero por convicción y explorador de la conciencia, Manuel Antonio Lucía Mónica ha convertido su vida en una travesía al límite. No se trata solo de sobrevivir, sino de reconciliarse con lo esencial: una lucha constante por habitar el mundo desde la autosustentabilidad.
Este veracruzano, conocido en redes como “Manu de la Selva”, llevó esa filosofía al extremo al participar en el reality internacional Supervivencia al Desnudo Latinoamérica, grabado en la implacable región del Chaco Formoseño, Argentina. Durante 21 días, enfrentó la crudeza absoluta: frío, hambre, insomnio y el desafío constante de resistir cuando el cuerpo pide rendirse.
Guía de deportes extremos, Manu no presume conquistas. Prefiere hablar de respeto. Ha recorrido selvas, cañones y montañas entendiendo que el ser humano no está por encima de la naturaleza, sino que forma parte de ella.
En esta entrevista exclusiva, revela los momentos más duros de su experiencia, reflexiona sobre los límites humanos y deja claro que, en lo más salvaje, también se encuentra lo más profundo del alma.

¿CÓMO NACIÓ TU PASIÓN POR LA VIDA AL AIRE LIBRE Y LOS DEPORTES EXTREMOS?
—Desde pequeño disfrutaba estar en espacios naturales, pero fue en la preparatoria, en Loma Bonita, Oaxaca, donde todo cambió. Tuve la oportunidad de trabajar en un rancho, y ahí entendí que quería vivir rodeado de naturaleza.
¿CÓMO SURGIÓ LA OPORTUNIDAD DE PARTICIPAR EN “SUPERVIVENCIA AL DESNUDO”?
—Me llegó un flyer tres meses después del nacimiento de mi hija Koru, cuando estaba en la selva de Akapan. Me llamó la atención, me inscribí, pasé varias entrevistas y pruebas… hasta que me confirmaron que había sido seleccionado.

¿CUÁL FUE EL MAYOR RETO FÍSICO Y MENTAL DURANTE LA EXPERIENCIA?
—Las noches. Sin duda, las noches. El frío era intenso, el suelo húmedo, y dormir era casi imposible. Estar ahí, sin más protección que el fuego, te desgasta física y mentalmente.
¿HUBO ALGÚN MOMENTO EN QUE PENSARAS RENDIRTE?
—¡Nunca! Ni en los momentos más duros pasó por mi mente abandonar. Siempre mantuve la energía de llegar al final.
¿QUÉ APRENDIZAJE PERSONAL TE DEJÓ SOBREVIVIR 21 DÍAS EN ESTADO SALVAJE?
—Te cambia la perspectiva de todo. Hoy abrimos el refrigerador, giramos una llave y tenemos agua… y no lo valoramos. Pero más allá de eso, el verdadero aprendizaje fue entender cómo administramos nuestra energía física y mental.

COMO GUÍA DE DEPORTES EXTREMOS, ¿CUÁL HA SIDO TU EXPEDICIÓN MÁS DESAFIANTE?
—Sin duda, esta. Sobrevivir 21 días desnudo en el Chaco Formoseño no fue solo un reto físico, fue un viaje a lo esencial. Una prueba de resistencia frente a la naturaleza en su estado más puro.
¿QUÉ SIGUE PARA MANU DE LA SELVA?
—Seguir aprendiendo a vivir en el planeta con la mejor energía, acompañar a mi hija en su crecimiento, navegar en kayak todo lo que se pueda y continuar compartiendo esta conexión con la naturaleza.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA RECONECTARNOS CON LA NATURALEZA?
—“Encontrarnos más seguido con nosotros mismos. Dejar las prisas, los miedos, la rutina… y recordar que la Tierra es nuestro hogar. En lo salvaje aprendemos a ser más humanos y a cuidar con mayor conciencia el planeta.”
Más que una historia de supervivencia, lo de Manu de la Selva es un testimonio de resistencia y conciencia.


