Por Porfirio M. López.
Hace unos días la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en compañía de su secretario de Seguridad y Protección Ciudadana Omar García Harfuch presentó las cifras de la criminalidad en el país. De acuerdo con la narrativa oficial los homicidios dolosos van en descenso. Según los datos aportados en Palacio Nacional desde que llegó a la presidencia de la República el indicador ha venido disminuyendo, de 86.9 homicidios registrados de forma diaria en septiembre de 2024 cuando inició su mandato a mayo de 2026 la cifra se ha reducido a 47.3 casos diarios. Una reducción de 39 homicidios dolosos menos por día. Es el promedio más bajo desde hace doce años.
El indicador habla de toda una hazaña del autodenominado segundo piso de la transformación. Ahora bien, respecto a los datos aportados, es verdad, es mentira o es una manipulación de la estadística para fomentar un discurso oficial optimista que haga crecer la percepción de seguridad y la sensación de eficacia respecto al combate a grupos criminales y redes generadoras de violencia criminal.
Para analizar los datos presentados en Palacio Nacional y para evitar falsos optimismos, hay que revisar con detalle lo que se ha venido declarando cada que se ha presentado el secretario García Harfuch en la conferencia matutina. Respecto a la baja en la cifra de homicidios, la duda persiste. La presidenta Sheinbaum Pardo ha insistido en que la estadística de ese indicador va en descenso por su estrategia nacional y por la honestidad. Descarta que la disminución sea producto de nuevas mediciones y reclasificaciones de delitos que ella misma propuso. Al respecto, hay que recordar que la presidenta Sheinbaum propuso cambios a la metodología del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) mismos que fueron validados por el Consejo Nacional de Seguridad Pública.
Dicho cambio comenzó a implementarse a inicios de este año e hizo que los delitos de tentativa de homicidio y tentativa de feminicidio ya se sumaran a la cifra de víctimas mortales y se comenzaron a categorizar como subdelitos. El resultado de los cambios surtió efectos inmediatos dado que a partir de febrero la tasa de homicidios presentó una tendencia a la baja, ello le ha permitido a la presidenta Sheinbaum sostener una narrativa optimista y triunfalista en torno a sexenios anteriores.
Básicamente, lo que está realizando el gobierno federal es reclasificar y ampliar el catálogo de delitos, matizando comparaciones y sosteniendo una mecánica tramposa para presentar sus laminas de Power Point con datos ajenos a la realidad del país. ¿Dónde se puede observar esa trampa? La respuesta es simple, en la ampliación de delitos que pasaron de 53 a 71 tipos de delitos de acuerdo con el nuevo Registro Nacional de Incidencia Delictiva.
No es que hayan bajado los homicidios dolosos, simplemente ya no se contabilizan en esa categoría y ello hace que cuando se presentan los datos en Palacio Nacional la tendencia sea a la baja y para próximas presentaciones la dinámica seguirá igual, en consecuencia, la narrativa optimista del gobierno federal permanecerá como el gran logro de la estrategia sexenal. A ello hay que sumar que las autoridades encargadas de mostrar la estadística solo son la presidenta Sheinbaum y el secretario García Harfuch y no explican los porques, ni dan mayor argumento que la cifra expuesta.
La manipulación de la estadística se nota desde que el gobierno federal decidió registrar la categoría denominada “otros delitos contra la vida” donde a decir especialistas de seguridad y consultorías expertas pueden caber homicidios dolosos o desapariciones que terminan siendo asesinatos. De acuerdo con el organismo experto en política pública México Evalúa lo que viene realizando el gobierno federal es manipular la cifra de incidencia delictiva con fines políticos, en la misma sintonía el estudio Índice de Paz 2026 manifiesta que los delitos asociados a la delincuencia organizada aumentaron 6.2 % y la percepción de miedo a la violencia creció 2.6%.
En ese mismo sentido el Seminario sobre Violencia y Paz del Colegio de México indica que bajar el indicador de homicidios es algo que se viene intentando desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador para afianzar una narrativa triunfalista frente a la criminalidad que persiste en diversas entidades. De igual forma, se han expresado el Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana el cual afirma que México atraviesa una crisis de impunidad sostenido por la descomposición de las fiscalías. Para especialistas como Elena Azaola investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) la estrategia del gobierno federal es una “estrategia de ocultamiento”, es una manipulación de datos que viene realizado la Cuarta Transformación (4T) desde el año 2021.
A pesar de que la presidenta Sheinbaum insista en la disminución de homicidios dolosos y celebre su estrategia de seguridad, la realidad en muchas regiones del país indica lo contrario. En México se siguen asesinando por igual periodistas como sucedió en Poza Rica, Veracruz o presidentes municipales como ocurrió en San Miguel Amatitlán, Oaxaca. Como bien indica Ana Laura Magaloni directora del Observatorio sobre Sistemas de Justicia la disminución de homicidios no necesariamente implica una mejora integral en la seguridad. Igual que con el reporte de las desapariciones, el gobierno de la 4T prefiere ocultar, prefiere la trampa, opta por maquillar y elige la opacidad por encima de la transparencia y la aceptación de la asfixiante realidad social.