📅
🕐
🌡️ Cargando...
San Luis Potosí
Ciudad Valles
Rioverde
ÚLTIMA HORA
Inicio / Huasteca / El dios del Trueno abandonó la Huasteca

El dios del Trueno abandonó la Huasteca

 Antigua creencia tének culpa a la modernidad

HUASTECA POTOSINA.– Mucho antes de que existieran carreteras, antenas de telefonía o proyectos de extracción de recursos naturales, los pueblos tének creían que el agua tenía un dueño. No era una metáfora: el Trueno, conocido como Maamlaab en San Luis Potosí y Junkil aab en la Huasteca veracruzana, era considerado el guardián de la lluvia, las lagunas y los cerros sagrados. Sin embargo, la tradición oral sostiene que esta poderosa deidad decidió abandonar su hogar cuando la modernidad irrumpió en sus espacios sagrados.

Así lo documentan las investigadoras María Guadalupe Ochoa Ávila y Fabiola Arias en el capítulo «Cuando Maamlaab y Junkil aab despiertan: agua, identidad y tradición oral entre los teenek de la Huasteca potosina y veracruzana», publicado en el libro Agua en la Cosmovisión de los Pueblos Indígenas en México, editado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en 2016.

El agua era mucho

más que un recurso

Para el pueblo teenek, el agua representa el origen de la vida, la fertilidad de la tierra y el vínculo entre los seres humanos, la naturaleza y las fuerzas espirituales.

En la Huasteca, una región caracterizada por sus ríos, manantiales, cascadas y lagunas, las comunidades acudían antiguamente a los cerros considerados sagrados para presentar ofrendas al Trueno y pedir lluvias abundantes que garantizaran buenas cosechas.

Tamales, aguardiente y corazones de pollo formaban parte de los rituales con los que buscaban mantener el equilibrio entre la naturaleza y la comunidad.

El día que el

Trueno se marchó

La tradición oral relata que el Trueno decidió abandonar su morada debido a la intervención humana.

En la Huasteca veracruzana, la historia cuenta que trabajadores petroleros intentaron extraer una campana mágica ubicada en un cerro sagrado y perforaron la montaña en busca de hidrocarburos. Aquella profanación provocó que el dueño del agua desapareciera del lugar.

En territorio potosino, el relato señala otro motivo: la instalación de una antena de telecomunicaciones y una cruz de cemento sobre la cueva donde habitaba Maamlaab.

Para los ancianos teenek, estos actos rompieron el equilibrio espiritual del sitio y ocasionaron que la deidad se retirara.

Aunque el Trueno dejó de habitar esos lugares, la creencia sostiene que continúa manifestándose cada vez que retumban los rayos y llegan las lluvias.

Una visión del

mundo que sigue viva

La investigación explica que la cosmovisión teenek está basada en un equilibrio entre fuerzas opuestas.

En el cielo habitan Dios y los seres protectores relacionados con la lluvia, mientras que bajo la tierra viven los Baatsik, espíritus asociados con enfermedades y desgracias, considerados habitantes del inframundo.

Esta concepción explica por qué muchas ceremonias tradicionales evitan colocar cruces o realizar rezos dentro de cuevas o espacios subterráneos, considerados territorios pertenecientes a esos seres.

La tradición resiste

Aunque muchas prácticas ceremoniales han disminuido con el paso del tiempo, la memoria colectiva permanece viva gracias a la tradición oral transmitida entre generaciones.

Cada tormenta, cada relámpago y cada temporada de lluvias recuerdan a los pueblos teenek que el Trueno continúa formando parte de su identidad cultural.

Más allá del aspecto religioso, estos relatos representan una forma de explicar la relación entre el ser humano y la naturaleza, además de expresar la preocupación por las transformaciones que han sufrido los territorios indígenas debido al desarrollo de infraestructura y la explotación de recursos naturales.

Para los teenek, el agua nunca ha sido únicamente un recurso natural: es parte de su historia, de su territorio y de una herencia cultural que continúa viva siglos después.