📅
🕐
🌡️ Cargando... ▼
San Luis Potosí
Ciudad Valles
Rioverde
⚡ ÚLTIMA HORA
Inicio / Huasteca / En la Huasteca producen café de altura, pero lo venden como si no valiera

En la Huasteca producen café de altura, pero lo venden como si no valiera

HUASTECA POTOSINA.— En la serranía de la región existe una paradoja que lleva décadas creciendo entre cafetales: las condiciones naturales de la región permiten producir café en zonas ubicadas entre 800 y 1,800 metros sobre el nivel del mar, con temperaturas que oscilan entre los 18 y 22 grados centígrados, pero miles de familias campesinas enfrentan dificultades para obtener un precio que corresponda al trabajo detrás de cada cosecha.

Así lo plantea la investigación “Quality standards and their implications in peasant coffee production in the Huasteca Potosina”, publicada en 2026 por Martínez Torres, Santacruz de León, González Cabañas y Talledos Sánchez, donde se analiza la manera en que los criterios comerciales utilizados para determinar la calidad del café han afectado a los productores de la región.

Uno de los testimonios recogidos en el estudio resume parte del problema. Gaudencio, productor de café, señala que entre los propios campesinos se ha extendido la idea de que el producto regional es de mala calidad. La investigación analiza cómo esta percepción está relacionada con los criterios utilizados por compradores e intermediarios para valorar el grano.

Los números muestran una transformación profunda. En 1983, la Huasteca Potosina tenía alrededor de 36 mil 541 hectáreas sembradas de café y una producción reportada de 63 mil 910 toneladas. Para 2024, la superficie sembrada se había reducido a 16 mil 148 hectáreas, mientras que la producción correspondiente a 2023 fue de 11 mil 381 toneladas, de acuerdo con los datos retomados por los investigadores.

En poco más de cuatro décadas, la superficie destinada al cultivo se redujo en más de 20 mil hectáreas.

El contraste también aparece cuando se observa el panorama nacional. Chiapas y Veracruz concentran volúmenes de producción muy superiores, mientras que la cafeticultura de San Luis Potosí ocupa una posición mucho más pequeña dentro del mercado nacional.

Pero la investigación señala que el problema no puede explicarse únicamente por la cantidad de café producido. Una parte importante está relacionada con los llamados estándares de calidad, es decir, los requisitos utilizados para determinar si un grano puede comercializarse bajo determinadas condiciones y a qué precio.

Entre esos criterios aparecen aspectos como el proceso de lavado, secado, humedad y rendimiento del grano. Cuando la producción campesina no cumple con determinadas características, el producto puede terminar comercializándose a precios menores o enfrentar dificultades para encontrar compradores.

El estudio también documenta la participación de grandes empresas dentro de esta cadena comercial y analiza el papel que tienen los intermediarios en la compra del producto.

Para los productores entrevistados, el problema no termina en el precio. También existe una diferencia entre el conocimiento aprendido dentro de las comunidades y las recomendaciones técnicas que reciben desde fuera.

Algunos campesinos defienden prácticas transmitidas por generaciones, como determinadas formas de cultivo, selección, secado y conservación del grano. Incluso hay productores que consideran que el hecho de trabajar sin fertilizantes o herbicidas forma parte de las características naturales de su producción.

A esto se suma el precio recibido por los productores. De acuerdo con testimonios incluidos en la investigación, algunos campesinos han llegado a recibir alrededor de 20 pesos por kilogramo, cantidad que consideran insuficiente frente al trabajo que requiere mantener una parcela de café.

La investigación también aborda la sustitución de variedades de café. Entre los casos señalados aparece el Arábica, reconocido por sus características de sabor, frente al Robusta, que puede ofrecer un mayor rendimiento, pero presenta características distintas en taza.

Para los investigadores, estas decisiones no pueden analizarse únicamente desde la productividad. También tienen implicaciones para la diversidad de las plantas, las prácticas campesinas y la permanencia de una actividad que forma parte de la vida de numerosas comunidades indígenas y rurales de la Huasteca.

Uno de los aspectos más importantes que plantea el estudio es que la discusión sobre la calidad no debería limitarse a las características que exige el mercado. También debería considerar el conocimiento de quienes han cultivado café durante generaciones y las condiciones particulares del territorio donde se produce.

La caída de la superficie cultivada muestra que el problema ya no se limita a cuánto café produce la Huasteca. También está en juego la permanencia de sus cafetales y de las familias que dependen de ellos.

La región tiene altura, clima y una larga tradición cafetalera. Lo que sigue en discusión es cuánto de ese potencial logra convertirse realmente en mejores ingresos para quienes trabajan la tierra.

Y mientras los criterios comerciales continúan definiendo qué café alcanza un mejor precio, en las comunidades huastecas permanece una certeza transmitida de padres a hijos: el conocimiento sobre cómo cuidar una planta de café también tiene un valor que difícilmente puede medirse solamente por el precio de un kilogramo.