Esta forma de cultivo representa siglos de conocimiento agrícola heredado en cada generación
SAN LUIS POTOSÍ. Mientras en gran parte de México los productores de cempasúchil dependen de viveros y trasplantes para obtener la emblemática flor del Día de Muertos, en la Huasteca Potosina sobrevive una técnica ancestral que ha desafiado el paso del tiempo: los campesinos arrojan la semilla directamente sobre la tierra y esperan que la naturaleza haga el resto.
Lejos de ser una práctica improvisada, esta forma de cultivo representa siglos de conocimiento agrícola heredado de generación en generación y sigue permitiendo que, cada año, los campos huastecos se cubran de un intenso color naranja justo cuando inicia el Xantolo, una de las festividades más importantes de la región.
Así lo documenta la tesis de maestría «Variación morfológica del cempasúchil (Tagetes erecta): efecto del manejo local», elaborada por la bióloga María Dolores Burgos González, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), donde se reconoce a la Huasteca Potosina y a la Huasteca Hidalguense como las únicas regiones donde predomina esta forma tradicional de siembra.
A diferencia de otros estados productores, donde primero se preparan almácigos y posteriormente las plántulas son trasladadas al terreno definitivo, los agricultores huastecos depositan la semilla directamente en la parcela, aprovechando la humedad natural del suelo y el conocimiento adquirido durante décadas para obtener una cosecha exitosa.
Esta técnica reduce costos y mano de obra al eliminar el proceso de trasplante, aunque también implica mayores riesgos, pues las semillas quedan expuestas a lluvias irregulares, sequías, plagas y cambios bruscos de temperatura. Pese a ello, los productores han perfeccionado el método hasta lograr que la floración ocurra casi con precisión durante la última semana de octubre, cuando miles de flores comienzan a cosecharse para adornar altares, panteones y caminos durante las celebraciones del Día de Muertos.
El estudio destaca que esta coincidencia no es producto del azar, sino del profundo conocimiento que los agricultores tienen sobre los ciclos agrícolas y el comportamiento del clima en la región.
Además de San Luis Potosí, el cempasúchil también se cultiva en Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca, Morelos, Durango y Sonora. Sin embargo, la investigación señala que la Huasteca conserva un sistema agrícola único, estrechamente ligado a las costumbres indígenas y a una tradición que se remonta a más de tres mil años, cuando esta flor ya era considerada sagrada por los pueblos mesoamericanos y simbolizaba la luz del sol.
La investigación también compara distintos sistemas de producción y concluye que los cultivos intensivos, apoyados con maquinaria, fertilizantes y sistemas de riego, generan plantas más altas y flores de mayor tamaño. No obstante, advierte que el método tradicional de la Huasteca posee un enorme valor cultural, pues mantiene vivas técnicas agrícolas transmitidas por generaciones y fortalece una identidad profundamente ligada al territorio.
Hoy, cuando el Xantolo se acerca, los campos huastecos vuelven a transformarse en un inmenso manto dorado y naranja, recordando que detrás de cada flor existe una historia de trabajo, tradición y respeto por la tierra que sigue floreciendo gracias al conocimiento de quienes nunca dejaron de sembrar como lo hicieron sus antepasados.