Comprar los productos básicos para llevar comida a la mesa volvió a ser más caro. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) reportó que el precio promedio de su Canasta Básica Alimentaria pasó de julio a agosto de 2026 a 2 mil 128.84 pesos, un incremento mensual de 10.98 pesos, equivalente a 0.52 por ciento.
El monitoreo de ANPEC contempla 44 productos de alimentos, limpieza y aseo personal y fue realizado en los 32 estados del país, mediante una muestra en más de 200 puntos de venta de diferentes niveles de consumo.
Entre los productos que más aumentaron de precio destaca la cebolla, que subió 15.75 por ciento, al pasar de 27.38 a 31.69 pesos. Le siguieron la naranja, con un incremento de 5.65 por ciento; las lentejas, 5.41 por ciento; el limpiador de piso, 4.52 por ciento, y los chiles en escabeche, con 4.30 por ciento.
El reporte pone sobre la mesa otro problema: México tiene diferentes formas de medir cuánto cuesta alimentarse, y cada una utiliza una metodología distinta.
La canasta monitoreada por Profeco dentro del PACIC, por ejemplo, contempla 24 productos y tiene un precio de referencia de 910 pesos semanales para una familia de cuatro personas, equivalente a unos 3 mil 640 pesos mensuales.
El INEGI, en cambio, utiliza una canasta alimentaria para establecer la llamada Línea de Pobreza por Ingresos. Para abril de 2026, el valor mensual de la canasta alimentaria urbana fue de 2 mil 598.99 pesos por persona, lo que representaría alrededor de 10 mil 400 pesos mensuales para cuatro integrantes.
La CONASAMI maneja una perspectiva todavía más amplia mediante la Canasta Digna, que busca determinar el ingreso necesario para que una persona pueda cubrir alimentación, vivienda, otros bienes y servicios, además de contar con un margen para ahorro o emergencias. Su referencia para el ámbito urbano es de 21 mil 407 pesos por persona.
Y está la medición de ANPEC, que busca reflejar lo que las familias compran cotidianamente en establecimientos comerciales: 44 productos cuyo costo promedio ronda los 2 mil 200 pesos, de acuerdo con el planteamiento del organismo.
El problema, señala ANPEC, es que no existe una sola fotografía del consumo de los hogares mexicanos. Los hábitos alimentarios cambiaron después de la pandemia y, además, México tiene enormes diferencias regionales: lo que consume una familia en el norte puede ser muy distinto de lo que llega a la mesa de una familia en la Huasteca, el centro o el sureste.