Juan Felipe Cisneros Sánchez / Observatorio Indígena Mesoamericano
MORENA desarrolla una movilización nacional masiva (2,600 municipios) justo antes de que inicie formalmente el proceso electoral histórico de 2027; en pro de la defensa de la Soberanía Nacional, realiza diversos actos. Todo ello ante las amenazas y presiones por el T-MEC por parte de Trump o Rubio, aunadas a la disputa global por la hegemonía.
Tal situación también está siendo usada políticamente como un catalizador perfecto para:
- Unificar a la sociedad mexicana y, por otro lado,
- Justificar el proselitismo adelantado.
El discurso oficial define la soberanía como el rechazo a la operación de agencias extranjeras en territorio nacional. Obviamente, ningún mexicano o mexicana está en desacuerdo con defender nuestra soberanía nacional; históricamente, los pueblos indígenas han ido al frente para defenderla. Lo que no es ético es que la campaña busque diluir convenientemente los reclamos regionales y locales que como nación vivimos, tales como las protestas legítimas ante los proyectos extractivos en territorios indígenas. Un ejemplo de ello es el plan estratégico de Pemex en las cuencas de Burgos, Sabinas y Tampico-Mizantla, que implican el desarrollo del fracking.
Un botón ilustrativo de esto ocurrió el pasado 12 de julio de 2026 en el municipio de Tanlajás, durante un evento informativo con autoridades indígenas convocado por el ayuntamiento. Preocupado por las recientes solicitudes de Pemex para renovar sus permisos de uso de explosivos en su demarcación, el municipio buscó poner en antecedentes a las autoridades comunitarias, privilegiando su derecho a estar informadas. En el evento participaron diversos expositores que se esforzaron por acercar información sustentada en los propios planes y solicitudes de Pemex y de la Secretaría de Energía.
Sin embargo, se presentó también la presidenta de MORENA en San Luis Potosí, quien se esforzó por descalificar la información dada por quienes alertan sobre la amenaza latente del fracking, recurriendo a la afirmación de que no habrá tal práctica porque «no hay información oficial al respecto» y «…hay personas que buscan politizar el tema para su beneficio». Su discurso se centró en negar el fracking y estigmatizar a las resistencias indígenas para proteger la imagen de la presidenta de la República y su agenda extractivista.
Las representaciones indígenas que mantienen su postura contra el fracking definen la soberanía desde la autodeterminación de los pueblos y la protección de los bienes comunes (tierra, agua y medio ambiente). Proyectos como el fracking en las cuencas de Burgos, Sabinas y Tampico-Mizantla demuestran que el Estado, bajo la bandera del «desarrollo», puede llegar a ser tan depredador y despojador de las comunidades indígenas como el capital buitre extranjero.
Si la soberanía nacional reside esencialmente en el pueblo, resulta profundamente contradictorio que en esos mismos municipios donde se desarrolla la campaña para defenderla se desoigan de forma sistemática las demandas de quienes habitan y cuidan el territorio. Utilizar el nacionalismo como una pantalla ideológica para pretender ocultar los descalabros ecológicos y el despojo territorial en el ámbito nacional, buscando acallar las voces que se expresan cuestionando el actuar público, es no solo un abuso de poder, sino también una forma de vulnerar la unidad y la soberanía nacional.
¿Es soberano un país que frena las operaciones de inteligencia extranjera pero impone megaproyectos depredadores mediante planes centralizados de PEMEX? ¿Es defender a la patria descalificar desde las cúpulas partidistas a los defensores ambientales indígenas en la Huasteca Potosina, negando el impacto del fracking y el uso de explosivos en sus comunidades? Cuando los Servidores de la Nación y los legisladores oficialistas, así como sus operadores políticos actúan como parachoques para acallar la disidencia comunitaria en eventos como el de Tanlajás, la campaña por la soberanía revela su verdadera naturaleza: no es un ejercicio de concientización popular, sino un despliegue proselitista diseñado para posicionar liderazgos y asegurar escaños en la elección más grande de la historia.
La verdadera unidad nacional no se decreta desde un templete en la plaza pública repartiendo volantes; se construye resolviendo las legítimas demandas de agua, justicia y territorio de los pueblos originarios. Mientras la defensa de la patria ignore que el capital extractivista —auspiciado o tolerado por las propias instituciones del Estado— depreda a la población con salarios de miseria e impactos ecológicos irreversibles, la «soberanía» de la que habla MORENA, el partido en el poder, seguirá siendo un concepto vacío. Una narrativa útil para ganar elecciones en 2027, pero profundamente desconectada de la realidad de las comunidades rurales e indígenas que hoy, frente al Estado y frente al extranjero, siguen defendiendo la vida.