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Tambores, máscaras y rituales tienen “alma” dicen los tének

Huasteca Potosina.– En las comunidades tének, los instrumentos y objetos rituales no son simples herramientas: son considerados seres vivos con identidad, voluntad y un lugar dentro de la comunidad, de acuerdo con una investigación académica reciente.
El estudio, publicado en la Revista Uruguaya de Antropología y Etnografía y desarrollado por la antropóloga Imelda Aguirre Mendoza tras más de dos décadas de trabajo de campo, documenta que elementos como tambores, máscaras, arcos ceremoniales y sahumerios poseen una fuerza vital conocida como tsápláb, equivalente a una especie de alma.
Uno de los hallazgos más representativos es el del teponaztle, un tambor ceremonial que no solo simboliza a una mujer, sino que es considerado literalmente como una “abuelita”. De acuerdo con testimonios recogidos en la investigación, su sonido es interpretado como el latido de su corazón, mientras que la flauta que lo acompaña es vista como su pareja masculina.
En esta cosmovisión, los objetos siguen un ciclo de vida similar al humano. Nacen mediante rituales específicos, son “alimentados” con ofrendas como aguardiente o incluso corazones de animales, conviven con las familias y, al final de su uso, reciben ceremonias para “descansar”. No cumplir con estos procesos puede, según la creencia, provocar enfermedades o afectaciones a quienes los utilizaron.
La investigación señala que esta forma de entender el mundo corresponde a lo que en antropología se conoce como animismo, una visión donde no existe una división rígida entre lo vivo y lo inerte. Para los tének, muchos objetos tienen interioridad: sienten, actúan y forman parte de relaciones sociales.
Este enfoque también implica una postura frente al uso comercial de estos elementos. Para las comunidades, convertirlos en simples artesanías o souvenirs implica despojarlos de su carácter sagrado, ya que aquellos que han sido “activados” en rituales no pueden ser vendidos sin consecuencias espirituales.
El estudio concluye que más que una creencia aislada, esta visión representa un sistema complejo y coherente que define la relación de los pueblos originarios con su entorno, evidenciando la profundidad cultural de la Huasteca y la necesidad de comprenderla desde sus propios términos.