Huasteca.– Un estudio reciente plantea un giro de fondo en la interpretación del arte prehispánico: hace más de mil años, los pueblos huastecos no solo adoptaron símbolos de otras culturas, los transformaron en el eje de su propia cosmovisión.
La investigación del arqueólogo Juan Eduardo Candelaria Ampacún, publicada en la Revista Chicomoztoc, analiza piezas del periodo Posclásico y documenta cómo un antiguo signo maya vinculado a Venus fue reinterpretado en la región.
Se trata del glifo conocido como Lamat ½ T510, una figura que los huastecos integraron con sus propios símbolos del maíz y el fuego. El resultado no fue una copia, sino un lenguaje visual propio para narrar el origen del mundo, del alimento y de su identidad como pueblo.
El hallazgo más significativo está en la representación del mamalhuaztli, una barrena utilizada para encender fuego que aparece en esculturas como símbolo central. Más que una herramienta, se convierte en metáfora del inicio del tiempo, ligada a mitos donde el fuego surge tras un diluvio y da origen a una nueva era.
En piezas de piedra y cerámica, este código se repite: bandas decorativas con el símbolo venusino, figuras de animales que combinan signos celestes y agrícolas, e incluso esculturas como “El Adolescente”, donde el maíz brota directamente de estos elementos.
La conclusión rompe con viejas lecturas: los huastecos no fueron una cultura periférica. Fueron creadores de un sistema simbólico complejo que influyó en otras civilizaciones mesoamericanas.
En términos actuales, ese glifo funciona como un “lenguaje visual”: una especie de mensaje condensado que explica el origen de todo. Un recordatorio de que, en la Huasteca, el arte no solo decoraba… también explicaba el universo.
