Por Porfirio M. López.
Con miras a no perder la elección de 2027 y no ceder ningún espacio de representación popular el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en San Luis Potosí se ha ido convirtiendo en un instituto político que atrapa todo lo que se le atraviese a su paso. Ya olvidó por completo la frase de la “herencia maldita” de la cual formaban parte los priistas y los panistas; ya ha sumado a miembros del Movimiento Ciudadano (MC) y en los últimos días está integrando a operadores del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
En el PVEM lo tienen claro, en 2027 quieren ser la aplanadora electoral, no le quieren dejar nada ni a sus aliados políticos a nivel nacional ni a los partidos que se presumen ser de oposición, el Verde quiere disfrutar en solitario las mieles del poder. Ya están sumados desde años atrás los alcaldes, ya tienen en la bolsa a los diputados locales, ya tiene aceitada una maquinaria de comunicación digital y ahora van por ampliar la estructura territorial asentada en los municipios con más proyección de votantes.
El PVEM pretende ser la avalancha que sepulte las aspiraciones de los candidatos opositores. Sus concentraciones masivas y sus recurrentes mensajes tanto en la capital del estado, en el altiplano, en la zona media y en la huasteca han dejado como testimonio que tienen la confianza y la autoestima política electoral en los cielos. Los discursos del gobernador Ricardo Gallardo Cardona y de la senadora Ruth González Silva quien aspira a sucederlo no hablan de otra cosa.
Para ello el gobernador verde ha desplegado un enorme aparato de propaganda que resalta los éxitos del gobierno verde, así sea la obra más mínima. El gobernador ha construido una narrativa donde destaca que su gobierno hace lo que nunca otros habían realizado. El gobierno verde caminos, construye carreteras, apadrina infantes, enchula colonias en todas las zonas de la entidad, enciende lámparas, equipa a la policía, manda a hacer el himno a la entidad, ofrece gratuidad para el transporte y las ferias de los pueblos, hace conciertos, contrata artistas de corte mundial, monta a caballo, abre llaves de agua, regala lap tops, remodela parques, se viste de charro, se toma fotos con la presidenta Claudia Sheinbaum, hace transmisiones en vivo, suma adeptos por miles, juega a hacerse el chistoso, pinta todas las estructuras públicas de verde. Nada se le escapa.
En esa vorágine de acciones gubernamentales el gobierno verde va cachando políticos de todos los perfiles incluso hoy son prominentes verdes los que antes eran parte de la autobautizada “herencia maldita” y ahora forman parte de su gabinete. Con el poder concentrado en su persona el gobernador Gallardo ha gobernado más de la mitad de su gobierno sin contrapesos políticos y sin críticas contundentes a pesar de los problemas de seguridad pública y los excesos de gasto público. De su mano camina un congreso domesticado que ha lucido por su opacidad como ha sido la tónica de las últimas legislaturas. Sin oposición, con organismos empresariales seducidos por la incesante obra pública y con una escasa sociedad civil que exponga los excesos de poder, el gobierno verde va campante directo a la elección de 2027 sin temor a sanciones o multas por realizar actos anticipados de pre y de campaña.
A once meses de la elección para renovar la gubernatura, el congreso y las presidencias municipales el PVEM está haciendo de todo sin que haya alguna autoridad electoral que lo amoneste, que le prohíba o que al menos lo esté mirando. En términos futboleros el PVEM está jugando un partido sin árbitro. El partido operado por el gobernador Gallardo está atrapando todas las estructuras de los partidos políticos, salvo Enrique Galindo Ceballos presidente municipal de la capital estatal, el resto de los ediles locales están en la bolsa del gobernador y se congracian con él a cada obra que entrega y a cada palabra que dice.
Al PVEM seguirán llegando como abejas al panal en los próximos meses los operadores del resto de los partidos políticos, como quedó demostrado en días pasados en el municipio de Tamazunchale donde liderazgos locales y regionales se alinearon con el partido gobernante. Se suman al proyecto, llegan por convicción, se dicen encantados con el partido, se muestran entusiasmados. Sin ninguna pena y sin ninguna reflexión van entrando al redil verde para movilizar electores, para controlar sectores, para dominar comunidades, para mover recursos de todo tipo.
Las preguntas ante lo que parece ser una locomotora verde y una descarada campaña anticipada son ¿Dónde está la oposición? ¿Dónde está el ejercicio crítico en el congreso? ¿Qué liderazgo opositor podrá hacerle frente? ¿Qué narrativa puede desplazar el triunfalismo desbordado del gobierno en turno? ¿Qué papel van a desempeñar las autoridades electorales ante el descaro de una campaña adelantada? ¿Quién hace frente a los excesos del poder concentrado? Por el momento, el Verde avanza desbocado, sin preocupación alguna, sin sombra, confiado, altanero y soberbio porque sabe que todo se le está alineando a su favor.