Por Porfirio M. López.
En San Luis Potosí el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no pinta. No se ha posicionado ni a nivel municipal, ni a nivel estatal. Sus dirigencias han sido grises por decir lo menos, su estructura territorial luce desdibujada, sus diputados irrelevantes, no hay perfiles sobresalientes y lo único que ha conseguido se ha dado por el fenómeno de la elección federal de 2018 conocido como voto en cascada. Esa es la realidad.
Empezando por sus dirigencias, ni Gabino Morales Mendoza quien fungió como primer dirigente estatal del partido en sus primeros años de fundación, cuando iniciaba el registro oficial del movimiento; ni Sergio Serrano Soriano quien llegó en 2015 y estuvo presente en el proceso electoral federal de 2018 y en estatal de 2021, tuvieron la capacidad de generar una estructura electoral sólida.
En las elecciones para gobernador efectuadas en 2021 Morena vio su suerte, fueron relegados a un lejano tercer lugar. Ni siquiera el nombramiento del delegado Morales Mendoza con toda la operación de los programas sociales del bienestar pudo detener el triunfo electoral del candidato del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) Ricardo Gallardo Cardona quien ahora disfruta a sus anchas de poder político de manera hegemónica.
Los números no mienten, en las elecciones para renovar la gubernatura en 2021 fueron borrados del mapa electoral, su candidata en aquella ocasión fue la doctora Mónica Rangel Martínez titular de los servicios de salud en la entidad. Al no tener figuras sobresalientes, los morenistas potosinos tuvieron que competir con un perfil emergido del gabinete del priista Juan Manuel Carreras; el resultado es conocido, apenas alcanzaron el 11.4 por ciento de la votación, un estimado de 139 mil votos.
En agosto de 2022 fue electa dirigente estatal Rita Ozalia Rodríguez Velázquez. Llega al partido que para ese año lucía sin una plena coordinación a nivel municipal, con disputas y pleitos internos en la oficina de la capital del estado, con una estructura territorial débil, a expensas de las visitas presidenciales y con escasos perfiles para competir en elecciones. Con ese panorama complejo Morena en San Luis Potosí se encaminó a la elección federal de 2024.
Rita Ozalia empoderada en la dirigencia morenista potosina compitió por la senaduría de la República. Ocurrió la elección donde resultó ganadora la actual presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, pero la aspirante a senadora morenista de nueva cuenta quedó en tercer lugar con apenas el 20.35 por ciento de la votación que representaron 254, 833 votos. La actual senadora del PVEM Ruth González Silva resultó una aplanadora electoral con 481,900 votos totales.
A la fecha Rita Ozalia -que es hermana de la secretaria de Gobernación- sigue en la dirigencia estatal del partido y de nueva cuenta tiene en sus manos la operación de la elección estatal del año próximo. El gran problema es que Morena todavía no alcanza a reaccionar, ni a entender que papel debe jugar frente al avasallamiento del movimiento político denominado “la gallardía” que encabeza el actual gobernador verde Ricardo Gallardo.
A nivel estatal la presencia del morenismo no ha cuajado como se esperaba, si antes no le ayudaron las visitas presidenciales del obradorismo, ahora las recientes visitas de la presidenta Sheinbaum Pardo tampoco han sido efectivas para elevar la percepción de competitividad del morenismo potosino. La dirigencia estatal no ha capitalizado el fenómeno del movimiento como ha ocurrido en otras entidades donde son una aplanadora electoral; en San Luis Potosí nada más el partido no carbura.
En la actual legislatura estatal Morena apenas tiene seis representantes populares, de ese sexteto pocos figuran, sus perfiles no generan noticia relevante, su accionar legislativo tampoco les ha dado para elevar sus bonos político-electorales. Lo mismo ocurre con sus cuatro diputados federales de los cuales no se conoce alguna iniciativa legislativa preponderante o el surgimiento de una personalidad seria y atractiva para el grueso del electorado. A nivel municipal ocurrió algo más irrisorio y burdo, Morena ganó 10 elecciones locales, pero hoy en día esos gobernantes elegidos popularmente están operando al cobijo del PVEM.
Ahora de cara a la elección de gobernador el año próximo Morena enfrenta el mismo dilema de 2018 y de 2021. No tiene perfiles competitivos, la alianza con el PVEM y con el Partido del Trabajo (PT) pende de un hilo. A pesar de que han sonado nombres como la secretaria de Gobernación Rosa Icela Rodríguez Velázquez, Carlos Arreola Mallol, la misma Rita Ozalia y en días pasados el sorpresivo nombramiento de Elí César Cervantes Rojas quien fungía como delegado de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT). Ninguno de ellos despierta entusiasmo, ni son una amenaza real para las ansias de mantener el poder que tiene el actual gobernador verde. En el otro extremo de la alianza, el PT simplemente es un espectador.
Con ese panorama adverso y a menos de un año de la elección todo pinta para que Morena quede relegado, en un tercer lugar y distante de ser una opción de cambio político en la renovación de la gubernatura. A meses de que inicien las precampañas, Morena en San Luis Potosí sigue sin encontrar la brújula política que los ponga en condiciones de competir y de ganar elecciones a nivel local y a nivel de diputación. Así como están las cosas Morena tiene un desastre en casa y parece empeñado en no limpiarlo. Lo más ridículo es que Morena abrió una convocatoria, muchos acuden infantilmente a registrarse, dijeron que harían una encuesta y de la nada nombran al exsenador Cervantes Rojas como el coordinador de la defensa de la transformación, un perfil que ni siquiera se apuntó en el proceso. De ese tamaño el vodevil, de esa estatura el morenismo potosino.