Por Porfirio M. López.
De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, el nepotismo es la preferencia o favoritismo que una persona con autoridad (en el sector público o privado) ejerce para designar a familiares o amigos en empleos, cargos o concesiones sin tomar en cuenta el mérito, la capacidad o la preparación de la persona elegida. La palabra proviene del latín “nepos” que significa descendiente o sobrino y fue utilizada en siglos pasados por diversos papas para entregar cargos eclesiásticos a sus hijos o parientes.
En México existe una tradición nepotista desde hace muchos años, los ejemplos pululan de entidad en entidad y se ha hecho más evidente en las últimas décadas en los gobiernos estatales y locales donde el gobierno se ha alternado entre diversos partidos políticos por la vía democrática pero el nepotismo en lugar de extinguirse ha hallado acomodo. Diversas familias en estados y municipios se han alternado el poder público o han utilizado a sus parientes para encumbrarlos en puestos públicos y desde ahí acceder a presupuesto, a la adquisición de opulentas mansiones y a negocios millonarios.
Numerosos clanes familiares han existido en las entidades federativas y desde ahí se han establecido cacicazgos que intervienen para bien o para mal en la vida económica y productiva de una región. En el antiguo régimen político donde el priismo no tenía contrapesos existieron familias como los Ramos Millán, los Hank, los Del Mazo, los Murat, los López Portillo, los Cárdenas, los Alemán, los Figueroa y así de entidad en entidad puede uno encontrar el encumbramiento de dinastías familiares que al amparo del poder se dedicaron a acumular fortunas, complicidades e impunidades.
Con el arribo de la transición democrática en el año 2000 y luego de veintiséis años de cambio político en México, la tradición nepotista no se ha acabado, persiste y con más cinismo. La familia Moreira, los Monreal, los Batres, los Alcalde, los Yunes, los López Obrador, los Taddei, los Salgado y así una ristra de familias enquistadas en municipios no han resistido la tentación de heredar el puesto público a sus esposas, a sus hijos e hijas, a sus compadres y a sus primos para seguir disfrutando de las mieles del poder económico y político.
Con la llegada de la autonombrada Cuarta Transformación (4T) el expresidente Andrés Manuel López Obrador utilizó el concepto de nepotismo para diferenciarse de sus antecesores y con ello ganar adeptos y fieles electorales. En una entrevista concedida al periódico La Jornada en enero de 2006 declaró que cuando llegara a la presidencia de la República no iba a tener orgullos de su nepotismo. El tiempo se encargó de mostrar la cara nepotista del expresidente cuando en julio de 2024 tuvo que aceptar que su hijo Gonzalo supervisaba obras del Corredor Interoceánico y en septiembre de 2024 su hijo del mismo nombre fue designado secretario de Organización del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Hoy los dos hermanos López Beltrán están inmiscuidos en escándalos de corrupción.
Básicamente el nepotismo no se terminó con la llegada de la 4T solo encontró nuevos cauces y actores. En el caso de San Luis Potosí el reciente caso de la sucesión estatal puso en el ojo nacional el tema del nepotismo luego de la intención y propuesta de que la candidata del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) sea la senadora Ruth González Silva, esposa del actual gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Entrevistada hace unos días, la senadora afirmó que la sucesión del poder entre familiares no está prohibida al interior de su partido. Por cierto, esa es una narrativa que han venido sosteniendo desde inicios de este año los dirigentes del partido verde a nivel nacional y estatal y que ha sido avalada por el propio gobernador del estado.
El partido verde que va en alianza nacional con Morena le ha dado la vuelta a Ley de Austeridad Republicana creada en 2019 para poner fin a lo que los morenistas denominaron “lacras de la política”. De hecho, en el nuevo libro del expresidente López Obrador denominado “Pueblo” se sugiere que se deben poner límites estrictos al nepotismo, a la ambición por los cargos públicos y a los candidatos que representen un riesgo ético. Al respecto, la dirigencia nacional y estatal del partido verde no ha emitido ninguna postura, ha hecho gala de sordera institucional.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha declarado que el nepotismo le hace mucho daño al país, propuso una reforma constitucional que tuvo como lema “No al nepotismo y no a la reelección” que luego de una discusión legislativa entrará en vigor hasta el 2030. Ante la intención que ha circulado en medios sobre la sucesión familiar que intenta el partido verde en San Luis Potosí, la titular del Ejecutivo ha insistido en que “se va a ver muy mal” ante la ciudadanía y ha evitado polemizar directamente con el gobernador Gallardo Cardona quien ha sido el principal promotor y propagandista de su esposa la senadora González Silva.
Como se puede notar una cosa es la narrativa presidencial de la 4T que encabeza Morena y otra es la narrativa real que impulsa el PVEM que va en contrasentido de la reforma aprobada para limitar el nepotismo. Como están las cosas en San Luis Potosí es muy probable que el partido verde termine haciendo lo que le de en gana, sabedor que el morenismo potosino es inexistente, que puede negociar diputaciones federales, que puede aportar apoyos electorales en distritos complejos y sobre todo que puede seguir cobijándose bajo el manto de impunidad que mantiene desde el sexenio pasado con Morena y con el PT para sacar adelante reformas legislativas que beneficien la permanencia del movimiento morenista en el poder federal.