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Curanderos tének defienden su medicina ancestral

Una investigación de la UASLP documenta cómo la medicina tradicional de la Huasteca enfrenta la regulación oficial, mientras las comunidades defienden su derecho a conservar sus propios saberes

TANCAHUITZ, S.L.P.— En Tamaletom, el conocimiento para sanar no siempre se encuentra en un consultorio, una receta médica o una farmacia.

Está en las plantas que conocen los abuelos, en los rezos, en el copal, en la música, en las danzas y en los rituales que los curanderos tének han aprendido y transmitido durante generaciones.

Pero ese conocimiento ancestral enfrenta actualmente una disputa con el sistema oficial de salud.

Una investigación publicada en la revista Habitus, realizada por el investigador Esteban David Pérez López, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, documenta cómo los curanderos de esta comunidad mantienen vivas sus prácticas mientras enfrentan políticas gubernamentales que buscan regularlas mediante cursos y procesos de certificación.

PARA LOS TÉNEK, SANAR ES “ILÁL”

La investigación explica que los tének utilizan el concepto “ilál”, relacionado con las ideas de componer, renovar o mejorar.

No se trata únicamente de atender un síntoma físico.

Dentro de esta concepción, el cuidado de una persona puede involucrar plantas medicinales, preparación de infusiones, rezos, música, danza, copal y acompañamiento comunitario.

El cuerpo, el espíritu y la naturaleza no son elementos separados.

Por eso, para quienes conservan estos conocimientos, la medicina no puede reducirse exclusivamente a un tratamiento farmacológico.

EL CONOCIMIENTO NO SE APRENDE EN UN AULA

Convertirse en curandero tampoco responde necesariamente a una formación institucional.

Una parte del conocimiento se transmite dentro de las familias: padres, abuelos y otros integrantes de la comunidad enseñan qué plantas utilizar, cómo recolectarlas y cómo prepararlas.

Pero existe otra dimensión.

Algunos curanderos aseguran haber recibido el llamado mediante sueños o a través de un don relacionado con fuerzas y figuras de la cosmovisión tének, entre ellas Dhipak, asociado con el maíz, y Muxi, vinculado con la fuerza del mar.

Uno de los testimonios recogidos durante la investigación resume esa concepción:

“Yo no decidí ser curandero, la vida, la danza y los ancianos me eligieron”.

Para quienes poseen estos conocimientos, por lo tanto, el aprendizaje no puede separarse de la historia familiar, la espiritualidad y la propia comunidad.

EL CONFLICTO CON EL ESTADO

El punto de mayor tensión aparece cuando las autoridades buscan incorporar a los curanderos al sistema institucional mediante procesos de capacitación y certificación.

Para los practicantes tének, surge una pregunta fundamental:

¿Quién puede certificar un conocimiento que ha sido transmitido durante generaciones dentro de la propia comunidad?

Uno de los curanderos entrevistados lo plantea de manera directa:

“¿Cómo me vas a certificar a mí si yo soy el que tiene todo el conocimiento? ¿Qué es lo que vas a certificar?”

La discusión no se limita a un documento.

Para la comunidad, detrás de la certificación existe el riesgo de que el conocimiento ancestral termine siendo evaluado bajo criterios ajenos a su propia cultura.

LAS CASAS DE SALUD QUE NO RESUELVEN EL PROBLEMA

La investigación también recoge las dificultades que enfrentan los habitantes para acceder a los servicios médicos convencionales.

En Tamaletom existen espacios destinados a funcionar como casas de salud, pero los testimonios recopilados cuestionan su funcionamiento debido a la falta de personal médico, enfermería y medicamentos.

Uno de los entrevistados señala que, cuando necesitan atención, deben trasladarse hasta Tancanhuitz, donde pueden encontrarse con largas esperas y limitaciones en el servicio.

En ese contexto, los curanderos continúan representando para muchas familias la alternativa de atención más cercana dentro de sus propias comunidades.

LOS TÉNEK NO QUIEREN ELEGIR ENTRE UNA MEDICINA Y OTRA

Sin embargo, el estudio revela que la relación no necesariamente tiene que ser de enfrentamiento.

Los habitantes entrevistados tampoco plantean necesariamente la desaparición de la medicina occidental.

Doña Toña, integrante de la comunidad, resume esa postura:

“Hay que tomar las dos cosas: lo de las enfermeras y lo de las parteras”.

La decisión, sostiene, corresponde a las propias personas.

Esta postura abre una posibilidad distinta: que los conocimientos tradicionales y los servicios médicos institucionales puedan coexistir sin que uno tenga que desaparecer para que el otro sea reconocido.

NO ES UNA MEDICINA DEL PASADO

Uno de los principales planteamientos de la investigación es precisamente que estos conocimientos no deben ser vistos como una práctica congelada en el tiempo.

El “ilál” continúa vivo.

Se transmite, cambia, se adapta y permanece dentro de las comunidades.

Por eso, el debate no solamente gira alrededor de si los curanderos deben ser certificados o regulados.

También plantea una cuestión mucho más profunda:

¿Puede el Estado reconocer los saberes indígenas sin intentar apropiarse de ellos o imponerles una forma externa de validación?

Para los tének de Tamaletom, conservar sus prácticas significa también conservar una parte de su identidad.

Las plantas, los rezos, las ceremonias y los conocimientos transmitidos por los ancianos forman parte de una memoria colectiva que ha sobrevivido durante generaciones.

Y mientras exista alguien capaz de reconocer una planta, preparar un remedio tradicional, pronunciar un rezo o transmitir ese conocimiento a los más jóvenes, la medicina ancestral tének seguirá formando parte de la vida de la Huasteca Potosina.