Por Porfirio M. López.
Luego de veintiséis años de reformas legislativas, de cambio político, de demolición de instituciones, de infinidad de programas asistenciales, de acumulación de promesas y de transferencias económicas de mano en mano, el país no experimenta crecimiento económico, la desigualdad social persiste, pero todo parece indicar que en Palacio Nacional no les importa esa temática, están ocupados haciendo reformas legislativas a modo para conservar el poder y en defensa de sus cuates Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza de la injerencia extranjera.
Vamos hacía las tres primeras décadas de este siglo y a todas luces el país luce estancando en materia económica, no crece lo suficiente, conserva altas tasas de informalidad laboral, mantiene entidades del sur y del sureste con indicadores similares a los de décadas pasadas y en términos políticos el último sexenio en sintonía con el actual que prometieron ser diferentes resultaron ser un fiasco; en lugar de dar resultados ha preferido defender delincuentes, denostar a críticos, decir mentiras y refugiarse en Palacio Nacional.
Los datos recientes de encuestas nacionales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y las previsiones de crecimiento económico del Banco de México (Banxico) demuestran que México no va por el camino correcto. Hacia el cierre del primer semestre de este año ya están cobrando factura los excesivos gastos opacos que se realizaron en obras de infraestructura del sexenio pasado. Ni la refinería Dos Bocas, ni el Tren Maya, ni el Aeropuerto Internacional Felipe Angeles, ni Mexicana de Aviación muestran beneficios para la hacienda pública, al contrario, mantienen su operación mediante asignación de presupuesto federal.
De acuerdo con el centro de análisis de política pública “México ¿Cómo Vamos” el país experimenta en los primeros meses de 2026 un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita similar al de hace una década? Banxico acaba de recortar la expectativa de crecimiento económico para este año a 1.1 por ciento. Los empleos formales no llegan, el 54.8 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) trabaja en la informalidad y 3 de cada 10 mexicanos en edad de trabajar experimenta pobreza laboral.
En el caso de las remesas enviadas desde el extranjero que alivianaban los ingresos de los hogares y el caso de las transferencias efectuadas por el gobierno a través de infinidad de programas asistenciales tampoco están siendo suficientes para ayudar a adquirir la canasta básica, cubrir gastos de salud, de educación, de transporte o esparcimiento familiar. Camino hacia el 2030, la economía mexicana tiene un desempeño muy limitado y el país no crece, ni genera incertidumbre a la inversión extranjera luego de haber implementado la reforma judicial, solo se ha dedicado a crear empleo informal y ofrecer estadísticas alegres que emergen de la manipulación de cifras.
Los datos son contundentes; no es que antes de la llegada del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) al poder presidencial estuviéramos mejor, pero a partir de 2018 prometieron que iban a resolver los males del pasado, ver por los pobres y extirpar la corrupción, la realidad es otra. Por ejemplo, del año 2000 al 2018 el crecimiento anual promedio de la economía mexicana fue de 1.8 por ciento, pero del 2018 al 2024 el sexenio de la Cuarta Transformación (4T) ni siquiera llego a un digito, en seis años la economía mexicana creció 0.8 por ciento, el peor promedio desde tiempos del sexenio ochentero de Miguel de la Madrid Hurtado. En el periodo de la presidenta Claudia Sheinbaum la economía ha experimentado un crecimiento que ronda entre 0.4 y 1.2 por ciento en ciertos trimestres de su gestión.
Estamos hablando que prácticamente la economía nacional se ha estancado, que los últimos gobiernos a pesar de anunciar reformas, de lanzar narrativas triunfalistas, de presentar políticas públicas y de hacer transferencias económicas de mano en mano a millones de familias no han podido incrementar el indicador de crecimiento económico, ni generar condiciones favorables para la inversión, el acceso a educación de calidad, la competitividad y el empleo bien remunerado.
Lo más lamentable es que ese indicador de rezago económico se ha normalizado y la brecha de desigualdad social permanece. Basta con revisar los indicadores económicos para visualizar que el norte del país mantiene su ritmo de industrialización, mientras que las entidades del sur mantienen rezagos similares a los de los años 90 del siglo veinte. En los años 80 y 90 del siglo pasado se hablaba del bono demográfico como una magnífica oportunidad para elevar la calidad educativa y la competitividad global en el caso mexicano, ahora de cara al 2030, México tiene una doble problemática, el bono demográfico se acabará y los que quieren entrar al mercado laboral lo hacen mediante la informalidad y aquellos que ya terminaron su vida laboral carece de pensiones y jubilaciones dignas.
Finalmente, ante los pobres resultados en materia económica, no se ve por ningún lado el modelo de la 4T denominado Humanismo Mexicano, ni la Economía Moral, ni la prosperidad compartida, ni el modelo de desarrollo de abajo hacia arriba, ni el revaloramiento del mercado interno, ni el resurgimiento de Petróleos Mexicanos (PEMEX) como motor de la economía, ni la optima renegociación del T-MEC, ni una mejora en la distribución del ingreso, ni la separación del poder político del poder económico. Lo único seguro es que al cierre de este 2026, México por enésima ocasión no crecerá económicamente derivado de malas decisiones, declaraciones y acciones de gobierno y eso si tiene un impacto profundo en el tejido social y el bienestar de las familias en el corto, mediano y largo plazo.