Por Porfirio M. López.
El partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) acumula en ocho años de gobierno federal una serie de corruptelas que ni siquiera en el periodo del priismo hegemónico se hubiera imaginado. Los que iban a devolver al pueblo lo robado, los que iban a barrer las escaleras de arriba para abajo, los que iban a ser el faro moral de la vida pública, los que iban a decretar el fin de la corrupción, los que dijeron “fuchi caca”, salieron más corruptos que los que estaban antes. Morena avanza al año electoral 2027 de la mano de la corrupción y la impunidad, sin ellas no podrán seguir siendo el partido preponderante en la próxima elección.
El tamaño y la proporción de la corrupción y de la impunidad morenista quizá nunca la vamos a saber con exactitud, pero lo que si podemos saber es que sus obras de infraestructura más citadas apestan a complicidades, a adjudicación de contratos directos, a malversación de fondos, a sobrecostos presupuestales, a generación de una caterva de nuevos empresarios, a la creación de más empresas fantasmas.
Cuando creíamos que ya no podía haber más gobernadores del estilo del priismo rancio como los encarcelados Javier Duarte, César Duarte, Roberto Borge, Andrés Granier, Tomás Yarrington, salieron los gobernadores morenistas acusados y evidenciados por su voracidad, por su rapacidad, por su complicidad, por su cinismo y por su colusión con grupos de crimen organizado. Ahora no solo se trata de malversar o desviar fondos, los miembros del clan morenista fueron más allá, permitieron la intervención de grupos dedicados a actividades ilícitas en procesos electorales sin que hubiera manera de detenerlos o fincarles responsabilidades penales.
Si el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto se evidenció por sus casos de corrupción y por sus escándalos como la Estafa Maestra, la entrega de tarjetas Monex y la Casa Blanca, dicha impunidad y corrupción palidece ante la impunidad y corrupción acumulada de 2018 a la fecha. La lista de complicidades, de corruptelas y de impunidad del morenismo es inmensa, conforme pasan los años de este sexenio parecen no tener fin.
La corrupción morenista abarca los escándalos de la Casa Gris, el caso de Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) , los contratos y desfalcos en Petróleos Mexicanos (Pemex), la corrupción en la Comisión Nacional del Deporte (Conade), la opacidad del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (Insabi), la costosa construcción de la refinería Dos Bocas, la trama corrupta de la construcción del Tren Maya, la rifa del avión presidencial, los contratos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la red de empresas alrededor del huachicol fiscal, las empresas fantasmas de los amigos del hijo del expresidente López Obrador y así un largo etcétera.
A ello hay que sumarle los casos de funcionarios públicos del morenismo que en pocos años acumularon fortunas inmensas. Destacan en esa lista, Andrés Manuel, Gonzalo y José Ramón López Beltrán hijos del expresidente López Obrador. A los tres no se les conoce trabajo formal previó a la incorporación de su padre en la presidencia de la República. Solo un sexenio les basto a esos tres personajes para acumular fortuna por medio de la cual vivirán tranquilamente el resto de sus vidas.
Pero el tema de la corrupción morenista no termina ahí, están también los hermanos del expresidente López Obrador y sus amigos del movimiento como osan decir los fanáticos del “obradorismo”. Pío y Martín López Obrador fueron captados recibiendo dinero en efectivo en los famosos sobres amarillos, los cuales dijeron eran aportaciones para el movimiento y para cerrar el círculo de los carnales presidenciales José Ramiro “Pepín” de la nada se hizo propietario de más de diez ranchos. Como se puede notar en tiempo récord Morena nada más en su círculo familiar acumuló más corrupción que la que ellos denunciaron a lo largo de una supuesta lucha social.
En torno a la corrupción y la impunidad Morena (en conjunto con sus aliados legislativos PT y PVEM) está rompiendo todos los récords. Maletas con dinero en efectivo, depósitos en un esquema carrusel en las ventanillas de bancos, sobres amarillos repletos de billetes, aportaciones por medio de asociaciones civiles sin registro formal, así se moviliza el movimiento, en la total opacidad, así llevan ocho años gobernando y mintiendo a pesar de las múltiples evidencias de su corrupción. Para ellos todo eso son ataques de la ultraderecha, del periodismo “chayotero” y nada más. Además, desde Palacio Nacional se insiste que no hay ninguna investigación de por medio, ni tampoco pruebas.
La corrupción y la impunidad están en el corazón y en la genética de Morena. De 2004 cuando se evidenció el escándalo de Rene Bejerano -hoy convertido en operador político de Morena- llenándose los bolsillos con fajos de billetes hasta lo que tenemos hoy con el caso de Rubén Rocha Moya y el senador Enrique Inzunza Cázarez, la situación no ha cambiado. Los morenistas no querían ser el faro moral, ni querían terminar con los privilegios, ahora ellos tienen el poder total, tienen todos los privilegios y están amasando fortuna a manos llenas, controlan el aparato, pilotean el sistema y amedrentan desde el poder con la complicidad de sus amigos, aquellos amigos que el mismo presidente López Obrador dijo con total cinismo en las elecciones intermedias de 2021 “se portaron bien”.