Por Porfirio M. López.
En estos días hemos sido testigos de cómo los presidentes municipales de la huasteca potosina han rendido su segundo informe de gobierno. Presumen puros logros y éxitos como en su momento lo hacían en el siglo pasado los ediles en tiempos del priismo hegemónico. Ese panorama y ritual político dio un vuelco en el año 2003 cuando la región se volvió panista, años después con el retorno del priismo estatal en 2009 los municipios huastecos se realinearon con el viejo partido tricolor, pero el informe de gobierno municipal se mantuvo intacto, siguió siendo un monólogo del gobierno en turno.
A partir de 2021 con la llegada de Ricardo Gallardo Cardona al gobierno del estado, los municipios de la huasteca potosina iniciaron su éxodo al partido verde y en 2024 consumaron la hegemonía política electoral de las administraciones locales, pero el ejercicio de los informes de gobierno se mantiene igual o peor que antes, dependiendo del personaje que gobierne el espacio municipal; las prácticas siguen siendo de triunfalismo, de optimismo, de complacencia, de adulación y de articulación con quien mantiene el poder estatal.
En torno a los informes de los gobernantes locales no existe espacio para autocrítica, el informe es una retahíla de éxitos, es un cúmulo de logros históricos, es una serie de párrafos para exaltar la obra pública, es una oda a la personalidad de quien gobierna el espacio local, también de cara a la elección estatal del año próximo el ritual del segundo informe sirve para mostrar el músculo político del gobernante en turno.
La tónica de dichos eventos es la grandilocuencia de la obra pública, nada escapa a la narrativa triunfalista de los presidentes. Lo mismo presume el alcalde de San Martín Chalchicuatla Luis Fernando Herbert Orta que el alcalde de Ciudad Valles David Medina Salazar. La pavimentación de calles, la red de agua potable, los apoyos sociales, la electrificación, los apoyos para los pueblos indígenas, la restauración de la plaza principal, la adquisición de patrullas para la seguridad pública, la movilidad urbana, la construcción de caminos vecinales, el apoyo a sectores vulnerables, los proyectos productivos y así una larga lista de acciones de gobierno, todas triunfalistas.
Cuando uno escucha a los presidentes municipales que rinden sus informes de gobierno pareciera que la región huasteca está camino a reducir la desigualdad social y el impulso del desarrollo, la prosperidad y el crecimiento que presumen cada año cambiará los indicadores de desarrollo humano de los habitantes de esta región de la entidad, pero la realidad es distinta, la región huasteca a pesar de todos los anuncios espectaculares sigue teniendo amplias brechas de desigualdad social.
No es suficiente que el presidente municipal de Tamuín Marcelino Bautista Rincón o el de Tamazunchale Adelaido Cabañas Hernández presuman que crean empleos, que colaboran con instancias federales y estatales, que hacen inversiones millonarias, que compran camiones para recolectar la basura, que digan que atienden a todos los ciudadanos y que su gobierno es de puertas abiertas. El atraso social es evidente cuando uno recorre las calles y nota a simple vista el desorden vial, la desigualdad educativa, la migración que ocurre en las zonas rurales, la falta de hospitales de especialidad y la precariedad laboral.
Hoy igual que en décadas pasadas, los gobernantes de la huasteca potosina pertenecen en su mayoría al Partido Verde Ecologista de México (PVEM), algunos han llegado recientemente luego de haber ganado la elección municipal de 2024 bajo otras siglas y otros tantos se han cobijado en el PVEM por puro pragmatismo. Ébano, Tanquián, Tancanhuitz y Tanlajás son de los pocos municipios huastecos donde la estructura verde no ha podido establecerse con total plenitud.
Desde el ángulo que se vea, a nivel municipal la hegemonía política del partido en el poder estatal avasalla a quien intente criticar sus resultados; la transparencia y la rendición de cuentas no interesa, lo importante es el oropel. Ello ha desencadenado una reconfiguración de los clanes políticos que históricamente han gobernado el espacio local en la región huasteca. Ante el proceso electoral del año próximo el segundo informe de gobierno está sirviendo para que los gobernantes del partido preponderante dediquen todos sus esfuerzos a acrecentar sus bonos político-electorales para quedar bien con el gobernador verde y con la senadora Ruth González Silva; el objetivo ya lo conocemos desde meses atrás, pavimentar desde lo local la ruta de la hegemonía familiar que está en puerta.