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Circo, maroma y… la designación de Morena

Hace apenas tres meses, Morena montaba toda una parafernalia para presumir músculo, organización y, sobre todo, democracia interna, en el World Trade Center de la Ciudad de México desfilaron los aspirantes a las coordinaciones estatales rumbo a 2027, ahí hubo registros, cartas compromiso, fotografías oficiales, discursos y toda la escenografía necesaria para hacer creer que la decisión se construiría desde las bases.

San Luis Potosí no fue la excepción, los aspirantes se registraron y posteriormente realizaron recorridos y asambleas por distintos puntos del estado. Todo parecía indicar que Morena se preparaba para una auténtica contienda interna y que la persona que encabezaría el proyecto rumbo a la gubernatura tendría que demostrar respaldo entre la militancia y, de acuerdo con la propia metodología del partido, en las mediciones correspondientes.

Pero llegó la hora de la verdad y el guion cambió.

El 28 de septiembre, Morena anunció a Elí César Cervantes Rojas como coordinador estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en San Luis Potosí. La explicación oficial fue que se habían registrado 28 perfiles y que ninguno alcanzó el 10 por ciento de respaldo requerido, por lo que la Comisión Nacional de Elecciones optó por un consenso.

Y aquí es donde empieza el circo.

Porque una cosa es que Morena tenga reglas internas para resolver un proceso cuando ninguno de los aspirantes alcanza determinado porcentaje, y otra muy distinta es que la ciudadanía pueda conocer cómo quedó aquella medición.

¿Quién obtuvo el mayor respaldo? ¿Quién quedó en segundo lugar? ¿Cuántos puntos consiguió cada aspirante? ¿Qué empresa levantó la encuesta? ¿Cuántas personas fueron consultadas? ¿En qué municipios? ¿Cuál fue el margen de error?

Hasta ahora, lo que se ha hecho público no permite responder con claridad todas esas preguntas.

Incluso medios locales reportaron que aspirantes fueron informados de que la encuesta había sido anulada y que no se les explicó de manera detallada el procedimiento que terminó colocando a Cervantes Rojas como el elegido.

Y entonces aparece Elí.

Para los círculos internos de Morena no es un desconocido. Es fundador del partido en San Luis Potosí, ha ocupado cargos dentro de su estructura, fue senador y hasta antes de su designación se desempeñaba como titular del Centro SICT en la entidad.

Pero fuera de esa estructura partidista, su nivel de conocimiento público es otro asunto.

Y ahí está precisamente la paradoja: después de un proceso que parecía diseñado para encontrar al perfil con mayor respaldo, Morena termina colocando al frente de su proyecto estatal a un personaje que no figuraba entre los nombres con mayor exposición pública y cuyo arribo se resolvió, no mediante un resultado de encuesta conocido por la sociedad, sino mediante el llamado “consenso” de la dirigencia.

¿Democracia interna?

La pregunta no es menor.

Morena ha construido buena parte de su discurso político alrededor de la participación ciudadana, las encuestas y la voluntad popular. Incluso para estas definiciones rumbo a 2027, la dirigencia nacional presumió un proceso basado en mediciones y metodología; sin embargo, en San Luis Potosí el mecanismo terminó siendo distinto al de otras entidades: aquí no hubo un resultado de encuesta presentado públicamente como ganador, sino una designación por consenso.

Y eso inevitablemente genera suspicacias.

Porque mientras en otros estados Morena dio a conocer resultados de las mediciones realizadas para definir sus coordinaciones, San Luis Potosí quedó en una especie de zona gris: se sabe que hubo una medición, se sabe que participaron 28 perfiles y se sabe que ninguno habría alcanzado el porcentaje mínimo establecido, pero no se conocen públicamente los números que llevaron a la dirigencia a decantarse por Cervantes Rojas.

Entonces surge la pregunta que seguramente muchos morenistas potosinos se están haciendo en voz baja:

¿A quién beneficia realmente esta forma de hacer las cosas?

San Luis Potosí será un caso particularmente interesante en 2027 porque Morena competirá sin sus aliados habituales, mientras el Partido Verde —actualmente en el gobierno estatal— perfila su propia ruta electoral. La propia dirigencia nacional de Morena reconoció que la entidad será un escenario distinto porque el partido no irá en coalición.

Y mientras tanto, del otro lado ya hay nombres, estructuras y un aparato político en movimiento.

Por eso resulta inevitable preguntarse si Morena está entrando a la elección de 2027 con una estrategia para disputarle el poder al partido gobernante o si, por el contrario, está construyendo una candidatura que podría terminar facilitándole las cosas.

No se trata de afirmar que exista un acuerdo. No hay elementos públicos suficientes para sostenerlo como un hecho.

Pero en política, cuando las decisiones importantes se toman entre cuatro paredes, cuando los números no aparecen y cuando un proceso que presumía encuestas termina resuelto por consenso, las preguntas aparecen solas.

Y Morena tendría una forma muy sencilla de despejarlas: transparentar la metodología, explicar los resultados y decirle a los potosinos por qué Elí César Cervantes Rojas y no cualquiera de los otros 27 aspirantes.

Porque si la democracia interna es tan importante como se presume, los ciudadanos deberían poder verla, no solamente escuchar que existió.

De lo contrario, aquel despliegue de registros, asambleas, discursos y promesas de participación corre el riesgo de quedarse justamente en eso:

Circo, maroma y… una designación.

Y mientras Morena presume que se prepara para recuperar San Luis Potosí, quizá la pregunta más incómoda sea otra:

¿De verdad están preparando una batalla electoral… o alguien ya decidió regalarle el camino al partido en el gobierno?