Nuevas generaciones abandonan una tradición milenaria
Huasteca Potosina.– En las comunidades indígenas tének de San Luis Potosí, una de las expresiones culturales más profundas y antiguas enfrenta un silencioso proceso de desaparición. Se trata del dhayemlaab, una prenda ceremonial bordada a mano que durante generaciones ha sido mucho más que una vestimenta: es un relato de la creación, una memoria familiar y una representación simbólica del universo.
La alerta surge del estudio antropológico «Encarnar el mundo. Las mujeres en la cultura teenek en la Huasteca potosina», realizado por el investigador Arturo Gómez Martínez tras siete años de trabajo de campo en comunidades como Tamaletom, Santa Bárbara, San José de las Flores y Chununtzen II.
De acuerdo con la investigación, el dhayemlaab no es una simple blusa tradicional. Su forma romboidal simboliza la tierra y sobre su superficie se plasman elementos considerados sagrados por la cultura tének: estrellas, árboles de la vida, mariposas, venados, espigas de maíz y los cuatro vientos que traen la lluvia.
Cada figura tiene un significado heredado de generación en generación. Cada puntada guarda historias, conocimientos y creencias transmitidas por las mujeres mayores de la comunidad.
«Es el manto de nuestra madre, tiene todo lo que hay en la tierra. Si lo abrimos, es como el mundo», relató una bordadora identificada como María durante las entrevistas realizadas para el estudio.
Sin embargo, ese conocimiento ancestral enfrenta hoy una amenaza creciente: el desinterés de las nuevas generaciones.
Mientras las abuelas aprendieron desde niñas a bordar sentadas en los patios de sus casas, escuchando relatos sobre los antepasados y la naturaleza, muchas jóvenes teenek han dejado de usar la prenda y ya no muestran interés en aprender la técnica.
«Mi abuela me enseñó a mí y yo a mis hijas, pero mis nietas ya no quieren», lamentó Antonia, habitante de la comunidad de Santa Bárbara.
La transformación cultural es visible. Hace apenas unas décadas el dhayemlaab formaba parte de la vida cotidiana de las mujeres teenek. Hoy su uso se limita principalmente a celebraciones religiosas, fiestas patronales, danzas tradicionales y eventos comunitarios especiales.
Incluso muchas mujeres que aún desean conservar la tradición han dejado de elaborar sus propias prendas y recurren a otras bordadoras porque ya no dominan las técnicas heredadas por sus madres y abuelas.
Para los especialistas, la pérdida del dhayemlaab representa mucho más que el abandono de una artesanía.
El investigador explica que esta prenda constituye lo que la antropología denomina «materia signada»: objetos que concentran conocimientos, valores, memoria histórica, identidad cultural y formas particulares de comprender el mundo.
Cuando desaparece el textil, también desaparecen los relatos, los símbolos y las enseñanzas que contiene.
En otras palabras, no solo se pierde una prenda; se pierde una manera de interpretar la vida, la naturaleza y el lugar que ocupan las personas dentro de ella.
A pesar de este panorama, existen esfuerzos para evitar que la tradición desaparezca.
Durante los últimos años han surgido cooperativas integradas por mujeres teenek que buscan rescatar los diseños ancestrales y transmitir el conocimiento a las nuevas generaciones. A través de ferias culturales, exposiciones y la venta de textiles en municipios turísticos de la Huasteca, estas agrupaciones intentan convertir el bordado en una fuente de ingresos que al mismo tiempo permita preservar la identidad cultural de sus pueblos.
Para muchas de ellas, cada hilo representa una forma de resistencia frente al olvido.
El estudio concluye que la supervivencia del dhayemlaab dependerá de que las nuevas generaciones reconozcan su valor más allá de la vestimenta y comprendan que en cada bordado viaja una parte fundamental de la historia del pueblo tének.
Porque cuando una mujer deja de bordar un dhayemlaab, no solo se apaga una tradición: también corre el riesgo de desaparecer una forma ancestral de narrar el mundo.